Estar enamorado del Junior no es solo alentar noventa minutos,
es una forma de vida que late con el calor del Caribe,
es una promesa que se canta en las gradas
y se cumple cuando el balón besa la red.
La noche de la estrella 11, Barranquilla se vistió de fiesta.
El Metropolitano fue un solo corazón rojiblanco,
y en cada grito, en cada abrazo,
el Junior escribió otra página de su historia gloriosa.
Y como si el destino también estuviera enamorado,
apareció Enamorado,
con un nombre que parecía presagio
y con tres goles que quedaron tatuados en la memoria.
Tres golpes de pasión,
tres estallidos de alegría,
tres razones más para creer.
Cada gol fue un juramento de amor eterno,
una caricia al escudo,
un grito que cruzó el río y el mar,
para decirle a Colombia que el Junior manda desde el Caribe.
La estrella 11 no es solo un título,
es la confirmación de un romance eterno
entre un equipo y su gente,
entre Barranquilla y su Junior del alma.
Porque al Junior no se le apoya:
del Junior se está enamorado,
y noches como esta
hacen que ese amor sea para siempre.
Soñar con 3 goles en una final, si fue posible.
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Porque si los goles son amores, los suyos enamoran... enamorado el ídolo de la estrella 11, el jugador que inició esta liga II con el número 99, pero que por su rendimiento, pidió la número 10 desde el mes de octubre de este año, y no le quedó grande por su gran desempeño convirtiéndose en el goleador del equipo Barranquillero con 8 goles, 3 de ellos en la final contra el Tolima que dejó a los hinchas pijaos viendo un chispero que no los calmaba la pólvora quemada en el Murillo Toro.

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