lunes, 24 de agosto de 2026

Juan en la Ciudad: Cuando la Fe Cristiana te Toca

POR EDGARDO AGUILAR HERNANDEZ  MEDICO SGSST 2026

Hay canciones que uno no elige, uno las hereda del barrio. A mí me llegó la salsa brava de Richie Ray y Bobby Cruz por las verbenas de mi barrio, Las Palmas, especialmente en la caseta Palladium que montaban en el bulevar de la calle 8, justo en frente de mi casa, a principios de los años 70. Ahí, entre el bullicio y el olor a fritos, uno se volvía melómano sin darse cuenta. "Sonido Bestial", "Agúzate", "Amparo Arrebato", "Richie's Jala-Jala" y esa versión en español de "A mi manera" eran el combustible de cualquier verbena que se respetara. Ritmo pegajoso, piano endiablado, y ese swing que hacía bailar hasta al más quieto del barrio.

Los reyes de la salsa brava

Entre 1965 y 1975, Richie Ray y Bobby Cruz se consolidaron como uno de los dúos más influyentes de la salsa a nivel mundial. Él en el piano, virtuoso y desbordado; él en la voz, potente y desgarrada. Juntos definieron un sonido que todavía hoy se reconoce con solo tres notas.

Pero el éxito monumental, el dinero y la fama tienen su propio precio. A principios de los 70, en medio de discotecas, giras interminables y una vida nocturna intensa, ambos empezaron a sentir un vacío que ningún aplauso lograba llenar. Richie fue el primero en dar el paso: en 1974 vivió una transformación espiritual profunda y decidió alejarse de ese mundo. Bobby, su compañero de tantas parrandas, no lo tomó nada bien. Durante meses trató de convencerlo de que abandonara "esas ideas religiosas". Pero al ver que la vida de su amigo realmente había cambiado, terminó viviendo su propia experiencia de encuentro con Cristo, en su casa, en noviembre de ese mismo año.

Así nació Algo Nuevo (1974), su primer álbum de música cristiana. Y en 1975, en plena televisión abierta, ambos declararon algo que sacudió al mundo de la salsa: ya no cantarían más para el mundo, sino exclusivamente para Jesucristo. Con el tiempo se ordenaron pastores evangélicos y fundaron decenas de iglesias.

El disco que me marcó

Yo compré uno de los primeros acetatos de esta nueva etapa cursando 5° de bachillerato en el Liceo Moderno del Norte, allá por 1977. Ahí estaban "Juan en la Ciudad", "Soy tan Feliz", "Algo Diferente"... temas que sonaban distinto a todo lo que había escuchado antes, pero con esa misma fuerza salsera de siempre.

Vale una aclaración histórica: "Juan en la Ciudad" no salió como álbum independiente, sino como tema principal del disco Reconstrucción (1976), bajo el sello Vaya Records, filial de Fania. Se le considera el primer álbum oficial de salsa cristiana propiamente dicho. El hijo pródigo no es el nombre de un disco, sino el hilo conductor espiritual de esa etapa: la historia bíblica que inspiró la canción más emblemática de ese momento, "Juan en la Ciudad", contada con aire de parábola urbana.

Lo notable es que, a pesar del giro espiritual, el disco no perdió ni un gramo de esencia salsera. Bobby Cruz escribió la mayor parte de la letra, y el resultado fue una pieza que predicaba sin perder el sabor.

El hijo pródigo, ahora en la ciudad

La historia de "Juan en la Ciudad" tiene su raíz en una de las parábolas más conocidas de la Biblia, la del hijo pródigo, narrada en Lucas 15:11-32. Un padre tiene dos hijos; el menor le pide su herencia por adelantado, se va a un país lejano y la derrocha "viviendo perdidamente". Cuando el hambre y la ruina lo alcanzan, recuerda la casa de su padre y decide regresar, no como hijo, sino pidiendo apenas ser tratado como un jornalero más. La sorpresa es que el padre, lejos de reprocharle nada, lo ve venir desde lejos, corre a su encuentro, lo abraza y organiza una fiesta: "porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado" (Lucas 15:24).

Richie y Bobby trasladaron esa parábola a la ciudad moderna: Juan, el protagonista de la canción, es ese hijo que se pierde entre las luces, los excesos y la vida fácil, hasta que algo lo hace volver la mirada hacia el hogar. La letra habla de perdón incondicional, de arrepentimiento genuino, y de esa verdad tan humana de que se puede tener de sobra —dinero, fiesta, éxito— y aun así estar completamente vacío por dentro, sin ninguna superación real con el paso del tiempo.

Curiosamente, esa misma parábola es también un espejo de lo que le pasó a sus propios autores. Richie y Bobby no escribieron sobre el hijo pródigo desde afuera: la cantaron habiéndola vivido primero.

Una canción que sigue sonando

Casi cincuenta años después, "Juan en la Ciudad" sigue siendo un clásico obligado cada vez que se habla de salsa cristiana. Y para quienes crecimos bailando "Sonido Bestial" en el bulevar de la 8, escuchar después "Juan en la Ciudad" fue entender que esas mismas voces y ese mismo piano podían contar otra historia, distinta, pero igual de intensa: la de dos hombres que, en la cima del éxito, decidieron volver a casa.

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