domingo, 20 de septiembre de 2026

DE LA BONIFICACIÓN AL SALARIO: LOS INTERNOS DE JULIO DE 1985

POR EDGARDO AGUILAR HERNANDEZ. MEDICO SG-SST 2026

Para el año de 1985/1986 habían tres universidades con facultad de medicina  en Barranquilla: La universidad Metropolitana fundada en noviembre de 1973, Universidad Libre quien abrió sus puertas en septiembre de 1974 y unos meses más tarde  la Universidad del  Norte en enero de 1975, desde estas fechas ellas suministraron la mayoría de médicos internos que rotaban en el hospital General de Barranquilla con algunas excepciones de la universidad de Cartagena y de México que fueron dos médicos  que rotaron conmigo para esta fecha. La mayoría eran de la Libre.

En julio de 1985 cruzamos por primera vez la puerta del Hospital de Barranquilla con la bata todavía limpia y el estetoscopio colgado como si fuera una condecoración. Éramos más de veintidós, faltan varios que no están en la foto del recuerdo. Terminábamos en julio de 1986, ya sin bata limpia, ya sin ilusiones de principiante, pero con algo que ningún examen mide: el oficio aprendido en los turnos de la madrugada, en la mejor escuela que un medico puede tener: El hospital General de Barranquilla.

La foto de culminación del internado en 1986

Esa foto en los pasillos del segundo piso nos retrata como fuimos: el uniforme blanco arrugado de tanto turno, la sonrisa fácil de quien todavía no sabe lo que le espera, y el cansancio disimulado de las noches de urgencias. Ahí estamos la mayoría de esa fecha:

Fabiola Donado (Patología), Betty Daza (Anestesia), Maribel Pérez (Medicina Familiar), Emma Rolong (Ocupacional), Judith Ramírez (Cirugía, México), Elina Pombo (Dermatología), Liz Pájaro (Pediatría), Linda Ascanio (Medicina Familiar), Alexandra Marthe (Medicina forense), Rosalbina Velásquez (Medicina Familiar), Álvaro Gómez (urgencias), Alfredo Codina (urgencia), Eduardo Marriaga (Auditoria Medica), Edgardo Aguilar (Ocupacional), Antonio Batista (cirugía), Carlos Rebolledo (Medicina Critica), José Sánchez (Ginecología, México), Ignacio Malabet (Cardiología), Saúl Celis (gerencia en salud), Ricardo Castilla (Ginecología), Román Pineda (Urgencias) y Carlos De la Torre (urgencias), a quien recordamos con cariño y que ya no está entre nosotros.

Otros colegas que culminaron el internado conmigo, pero no están la foto fueron: Agustín Pérez (Medico salud Publica), Salvador Arana (Gerencia en salud), Giovani de Vuono (Gastroenterología), Herbert Meyer (Medicina Interna, Uninorte), Otalvaro Mulford (Urgencias), Jaime Valencia (Urgencias) Carlos Maldonado (metropolitano). Me excusan los compañeros que me hacen falta, pero pelear con la memoria ya es una pelea perdida a estos años.

Cada paréntesis de esa lista es un camino que tomó años construirse. Ninguno de los veintidós sabía, en aquella foto de pasillo, cuál sería el suyo.

De la compensación al Salario

Del internado de entonces hay algo que conviene contarles a las generaciones nuevas. Nosotros no teníamos sueldo. Teníamos una bonificación: una suma modesta que apenas alcanzaba para el transporte, los almuerzos y el cafecito de la madrugada. Hacíamos turnos de veinticuatro horas, suturábamos, atendíamos partos, sosteníamos servicios enteros en la noche, y aquello se entendía como parte de la formación, no como trabajo. Así se hizo durante décadas. Nadie reclamaba demasiado, porque nadie conocía otra cosa, pero con este grupo esto cambio. Tuvimos que hacer unos mítines para poder recibir esta compensación que dice la compañera Maribel Pérez que nos pagaron el derecho de grado como parte de esa compensación y también para poder recibir la merienda nocturna que no la suministraban, desde ahí nos dieron una buena alimentación nocturna.  

Cuarenta años después el país cambió esa historia. Desde enero de 2026, los internos de medicina en Colombia reciben una remuneración mensual equivalente a un salario mínimo vigente de $1.750.905, más seguridad social integral por $541.800, para un total de $2.292.705, girado directamente al interno por la ADRES. La medida se fundamenta en el artículo 22 de la Ley 2466 de 2025 (Reforma Laboral de Petro) y en la Resolución 010 de 2026 del Ministerio de Salud, que garantizan además la afiliación a salud, riesgos laborales y pensión.

No lo escribo con envidia. Lo escribo con satisfacción. Lo que a nosotros nos tocó como vocación silenciosa, hoy se reconoce como lo que siempre fue: trabajo asistencial. El estudiante que esta noche está de turno en un hospital del país hace lo mismo que hacíamos nosotros en el 85, con la diferencia de que ahora el país se lo paga y lo asegura.

De aquella foto de pasillo salieron especialistas, docentes, salubristas, médicos de pueblo y médicos de ciudad. Salieron, sobre todo, veintidós personas que se acompañaron durante un año difícil. Amistad, esfuerzo y sueños que nos marcaron para siempre.

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