Pasamos luego al primer semestre, ya solo 150 prospectos de médico, llenos de ilusiones y energías renovadas en 1980. Ese año, el esfuerzo rindió sus frutos y ocupé el primer lugar, lo que me hizo merecedor, no solo del orgullo familiar, sino también de la beca de excelencia académica, privilegio que mantuve durante el segundo y tercer semestre de la carrera, después otros colegas ocuparon esa distinción. Los retos académicos y personales no eran pocos, pero el anhelo de servir y aprender siempre fue más fuerte.
En el transcurso de la carrera sucedieron muchos actos que marcaron nuestro discurrir estudiantil, como la huelga de hambre durante el paro estudiantil de 1982, un episodio que nos enseñó sobre la resistencia y el valor de luchar por aquello en lo que creíamos. Esa experiencia, dura y transformadora, nos atrasó en el logro de conquistar con menos tiempo nuestra anhelada graduación, pero también nos unió y nos hizo más fuertes como generación.
El destino mío de ser médico se pudo concretar al culminar mis estudios teóricos en 1984 en la facultad de medicina de la Universidad Libre e iniciar el Internado Rotatorio en Julio de 1985, en el Hospital General de Barranquilla.

Finalmente, ese sueño compartido se materializó el 1 de agosto de 1986, fecha que permanece grabada en la memoria de quienes celebramos no solo la culminación de los estudios, sino la victoria colectiva sobre la adversidad. Fuimos la 10 promoción de la Universidad Libre.
Un barrio que me dio de comer por varios años y que estoy siempre agradecido con sus gentes, mis vecinos, donde trabajé desde antes que me graduara de médico, fue en Las Nieves desde 1985 hasta 1997 en la calle 24 con la carrera 18, en un consultorio médico al frente del parque de Las Nieves, el sector más popular de esta comunidad.
Estuve de contrato desde 1992 en Instituto de los Seguros Sociales de la UPI, pase después en la Calle 30 donde me nombraron en planta en 1997 hasta el 2006 con la ESE José Prudencio Padilla la cual fue la intervención que hizo el presidente de la época, Álvaro Uribe Velez para convertirla en la famosa EPS, que hoy esta intervenida, la nueva EPS. Este logo lo dice todo.
Un hospital de combate por el que estuve 4 años desde el 2007 con varias cooperativas (Grupo Laboral, Promoviendo, Cooperamos, para Caprecom IPS) fue el Hospital de la Manga como medico de urgencias, zona de influencia de la comunidad afrodescendiente, donde puse mi vida en peligro por lo conflictivo de sus vecinos en varias ocasiones. Por este motivo pedí traslado para el Camino la Alboraya, con menos conflictos, pero peligroso por ratos, hasta el punto que en enero del 2018, pedí mi retiro por amenaza de muerte de un "coleto", quien quería que reviviera a su compinche con disparo en la cabeza.
Como todo en este mundo,
llega su final, pero en mi corazón permanece intacta la pasión de sanar, de
acompañar, de aprender en cada consulta y de crecer con cada paciente.
Agradezco profundamente este don, este regalo divino que ha marcado mis días y
les ha dado sentido que jamás pensé tendría. Y aunque pronto dejaré atrás la
rutina de hospitales y guardias, seguiré llevando en mi alma la vocación
encendida, celebrando al cada paso recorrido, y recordando siempre que viví, serví
y amé mi profesión hasta el último de mis días, siempre a mi manera.
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