sábado, 29 de agosto de 2026

La Barranquilla que se nombraba a sí misma

La Barranquilla que se nombraba a sí misma

Hubo un tiempo —no tan lejano como parece— en que caminar por Barranquilla no era cuestión de números sino de historias. Nadie decía "voy para la carrera 43 con calle 34". Se decía "voy para Veinte de Julio con Paseo Colón", y todo el mundo entendía exactamente a dónde ibas, porque cada calle tenía nombre propio, ganado a pulso por un edificio, una devoción, un personaje o simplemente el ingenio de la gente del barrio.

Esa Barranquilla —la de los callejones angostos, las calles con nombre de santo y las avenidas bautizadas por el pueblo antes que por el Concejo— empezó a desaparecer oficialmente con la Ley 40 de 1932, cuando el municipio decidió reemplazar la vieja toponimia por la cuadrícula numerada que usamos hoy. La orden era clara: había que darle a cada calle y carrera un número, para que la ciudad creciera de manera ordenada, catastrable, moderna. El cambio no se sintió de inmediato —tardó años en implementarse del todo, hacia 1940— y muchos barranquilleros de la vieja guardia nunca terminaron de acostumbrarse. El cronista deportivo Chelo de Castro, con su acidez característica, la llamó alguna vez "la estúpida nomenclatura que unos expertos bogotanos le clavaron a Barranquilla".

Puede que tuviera razón en el reclamo, aunque no en el diagnóstico: la nomenclatura no vino de Bogotá sino del propio Concejo Municipal, empujado por las Empresas Públicas Municipales de la época, que veían en la numeración una herramienta de progreso urbano. Lo cierto es que, con ese cambio, se perdió un lenguaje entero: el de una ciudad que nombraba sus calles como quien bautiza a un hijo, con devoción, con humor, con memoria.

De las Vacas a Boyacá, de Colón a Bolívar

El ejemplo más elocuente de esa transformación es, sin duda, el actual Paseo de Bolívar. Antes de ser Paseo de Bolívar fue Paseo Colón, porque en 1911 se instaló allí una estatua de mármol de Cristóbal Colón, obsequio de la colonia italiana de la ciudad. Antes de eso fue Camellón Abello, construido en 1886 por el alcalde de turno. Y antes, mucho antes, fue simplemente la Calle Ancha, la Calle España o la Calle de las Carretas, según la época y quién la nombrara. Solo en 1937, cuando la estatua de Bolívar reemplazó a la de Colón, la calle adoptó el nombre que lleva hasta hoy.

Otro caso célebre —y uno de los pocos que sobrevivió parcialmente al cambio— es el de la avenida Boyacá, hoy calle 30. Antes se llamaba, sin ninguna solemnidad, la Calle de las Vacas. En 1909, con motivo del centenario del Grito de Independencia, el general Rafael Reyes decretó que las calles y callejones de todo el país adoptaran nombres de próceres y gestas patrias. Así nació el nombre oficial de avenida Boyacá. Pero el pueblo, terco y cariñoso con su memoria, jamás dejó de llamarla la Calle de las Vacas.

Y así, calle por calle, callejón por callejón, la ciudad fue cambiando su manera de nombrarse. La calle 38 fue durante años el Camposanto, porque allí quedaba el cementerio que hoy ocupan la Biblioteca Departamental y el parque San José. La carrera 38 —el famoso Callejón de la Igualdad— debe su nombre a la misma razón: sobre ella reposaban, en teórica igualdad de condiciones, ricos y pobres de la Barranquilla de antaño. Más tarde también se le llamó Cocosolo, porque coco solo era, en el habla popular, la calavera: otra forma, más cruda, de nombrar la muerte.

Veinte de Julio, la calle que hoy es carrera

Y llegamos al ejemplo que probablemente más curiosidad despierta entre quienes hoy viven en Barranquilla: la avenida Veinte de Julio. Muchos la imaginan como una calle transversal, por su nombre patrio y solemne. Pero no: Veinte de Julio era el nombre popular del actual "callejón" —hoy carrera— "43", una de las vías longitudinales más importantes del centro histórico. Antes de llamarse así, ese mismo trazado fue conocido como California, y también, en un tramo, como Niña China, apelativo puesto en honor de una vecina de sociedad de apellido Cortissoz. Sobre ella también corría, en otro sector, el Callejón del Comercio, y hacia Barranquillita se le conocía simplemente como Avenida XI.

Este es, quizás, el mejor ejemplo de por qué la vieja nomenclatura confunde tanto a quien la investiga hoy: una misma vía podía tener tres o cuatro nombres distintos según el tramo, la época o el barrio que atravesara. Por eso, cuando alguien pregunta "¿dónde queda la Veinte de Julio?", la respuesta correcta —contraintuitiva para cualquiera que no conozca esta historia— es: en la carrera 43.

Una memoria que camina hacia atrás

Lo que hace entrañable esta cartografía perdida no es solo la nostalgia, sino lo que revela sobre cómo pensaba y sentía la Barranquilla de comienzos del siglo XX. Las calles llevaban nombres de virtudes teologales —la Esperanza, la Fe, la Caridad— en el sector de Barranquillita. Llevaban nombres de ciudades europeas y americanas en el naciente barrio El Prado, donde París, Berlín, Londres y Bruselas convivían a pocas cuadras de distancia, como una pequeña declaración de las aspiraciones cosmopolitas de la ciudad que empezaba a soñarse "la Puerta de Oro de Colombia". Y llevaban, también, nombres nacidos del rebusque y el choteo popular: el Callejón de los Meaos, la Calle Salsipuedes, el sector de Tumbacuatro, bautizado así por la insólita apuesta de un chalán con su caballo indomable.

Hoy, casi un siglo después de aquella Ley 40 de 1932, la mayoría de esos nombres sobreviven solo en los libros, en la memoria oral de los más viejos, o en las páginas de cronistas e investigadores empeñados en que no se pierdan del todo. Herramientas como la que acompaña este relato —una calculadora de equivalencias entre la vieja Barranquilla y la de hoy— buscan, precisamente, tender un puente entre esas dos ciudades: la que se nombraba con el corazón y la que hoy se ordena con números.


*(Fuentes principales: "Calles y callejones de la vieja Barranquilla", investigación de José David Villalobos Robles para la Universidad del Norte, 1998; reportajes de EL HERALDO sobre la nomenclatura histórica de la ciudad; y el Boletín Mensual de Estadística Municipal de 1944.)*

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