INTERNADO ROTATORIO HOSPITAL GENERAL DE BARRANQUILLA 1985/1986.
El Hospital General de Barranquilla construido en 1920 se ha
mantenido en el tiempo como un documento histórico que aún se conserva para
actividades de salud (declarado Bien de Interés Cultural Nacional), era muy apetecido por los estudiantes de la universidades
locales y foráneas, para realizar las practicas médicas y el internado rotatorio, no era la lumbrera
académica, pero si la mata de la experiencia en su máxima potencia, mucha
libertad para aprender. Fue así como entre 1985 y 1986 realice el internado rotatorio (12
meses), que forma parte del currículum de
la Universidad Libre, Seccional Atlántico, después de cursar los 10 semestres básico-clínicos,
para optar por el título de MÉDICO
CIRUJANO,
en una institución de salud que era referente obligatorio en la prestación de
servicios médicos en la ciudad. Cabe recordar que la demanda de servicios
se redujo en un 50% por la desbandada a instituciones privadas (EPS e IPS),
porque antes de la Ley 100 la mayoría de la atención en salud la prestaban
hospitales públicos que constituían el 60% de las instituciones del mercado,
mientras que hoy no llegan al 2%.
La experiencia obtenida en este hospital por la calidad de profesionales docentes como Víctor Wilches, Cesar Pallares, Pedro Flores de Aguas, Mora, Consuegra, etc., adscritos a las distintas universidades de la ciudad, fue prenda de garantía para desarrollar todo el potencial dentro de la teoría, pero mucho más práctica del ejercicio como médico general, a pesar de limitaciones en infraestructura y de materiales médicos, se trabajaba con las uñas y esa era la verdadera empatía entre médicos y pacientes.
Médicos que culminamos el internado de varias universidades como la Metro y la Norte, entre ella una pareja de estudiantes mexicanos, Judith Ramírez (quien terminó el bachillerato en el Liceo Moderno del Norte (LIMON), hoy cirujana general y José Sánchez su esposo, hoy de profesión Ginecólogo, quienes aparecen en la foto.
Realizar el extramural durante 2 meses en el antiguo Hospital Local de Soledad Juan Domínguez Romero (hospital de combate del municipio, uno de los más poblado del atlántico en 1985), fue sin duda la mejor experiencia que pude tener de manera integral para comenzar por pie derecho mis periplos como medico interno en compañía de medico rurales, que aún recuerdo, como el Dr Agudelo (que en paz descanse), quien tuve la fortuna de ser su pupilo en el desarrollo como profesional de la medicina. Se aprendía mucho y los más aventajados teníamos la ventaja de mayor libertad en la resolución del acontecer diario de las emergencias medicas que llegaba a este hospital, de la cuatro disciplina básicas: ginecología, pediatría, cirugía y medicina interna, las cuales eran resuelta en su gran mayoría en este centro y el resto era remitidas según la gravedad de las lesiones al Hospital General de Barranquilla o al Hospital Universitario, dependiendo del nivel de complejidad.
Con el Dr. Cesar Sierra estaba haciendo con mi persona ronda en consulta
de ortopedia urgencias, cuando, vemos a un paciente con una fractura de Colles
con el tercio distal del antebrazo con una venda de yeso que cubría hasta
el dedo pulgar, me regañó y me dijo: Aguilar, este paciente no se puede ir con
ese yeso, retíralo y se lo colocas nuevamente. Lo que no sabía Cesar es que
C.M. de la metro se hizo pasar por ortopedista, para él aprender a colocar
yeso, pero su iniciativa fue demasiado lejos.





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